Un escape lírico. Entrevista a Lo Celso

Escrito por Carlos Carpintero

Sobre el hijastro del estilo internacional y otros guiones del conformismo. Entrevista a Alejandro Lo Celso, por Carlos Carpintero.

1) Hay un espacio incierto, como una distancia, entre la propuesta poética (en un sentido formalista) confesada en al menos dos de tus trabajos (Borges / Rayuela) y sus manifestaciones efectivas. Me tomo el atrevimiento de entrar en tu taller y preguntar ¿cómo es que trabajas a partir de esas inquietudes, para condensarlas en fuentes tipográficas?

No se si interpreto bien tu acrobacia retórica, pero si tu intención es señalar una contradicción, estoy totalmente de acuerdo. El imperativo de una tipografía para texto (el funcionar bien en cuerpos pequeños y en lectura prolongada) pone al acecho cualquier intención lírica que pretenda fundamentarla. Cualquier intento por asimilar elementos "poéticos", provenientes de un determinado universo, a elementos de diseño de un alfabeto tipográfico, resulta desde ya totalmente arbitrario. Pero en ese sentido me animaría a pensar que toda decisión de diseño es arbitraria. En este caso mi "móvil" son autores de la literatura argentina, es una toma de partido como cualquier otra, y responde a una afición personal, es víctima de todas las asimetrías y blanco fácil de cualquier criticismo. Por otro lado cada vez me convenzo más de que nos han enseñado un diseño pacato, basado en un paradigma de pretensión racional, de supuesta pérdida de la subjetividad en pro de un ideal universal inexistente y –lo peor– desabrido, una especie de síndrome "hijastro del estilo internacional" de los 50s: un modelo predecible, aburrido, conformista. Ya que nos confesamos aqui y hablamos de diseño de tipografías, te digo que para mí existen sólo 2 diseñadores de tipografías –2 escultores de verdad– que son la vertiente inteligente y aportativa del diseño suizo: Adrian Frutiger, papá de todos, y Hans-Jürg Hunziker, su talentoso asistente. Todos los demás balbucean en la nebulosa de la paráfrasis o de la imitación. Pero esto, la verdad, no es importante. Después de todo, han pasado un sinnúmero de cosas desde los años 50… (aunque en América Latina es como si no nos hubiésemos enterado nunca más de nada…) Perdón, me fui por las ramas, lo que quería señalar en esto es que a veces pareciera haber un sentimiento de culpa detrás de nuestras habituales puestas en duda de todo. Esta desconfianza "por default" no nos deja ver más allá de las evidencias lineales que exige el mundo occidental y cristiano. En muchas cosas siento que hemos perdido la capacidad de sorpresa, la concepción poética en su estado más puro. A mí se me ocurre asociar la forma de los signos tipográficos a las vivencias despertadas por la escritura de algunos autores. Es una relación completamente caprichosa, y me hace feliz, tal vez por eso.Es cierto, los casos de Borges y Rayuela se manifiestan evidentes por el origen de su bautismo, pero Quimera no es menos ambiciosa en términos "líricos": pretende ser una especie de homenaje a Antique Olive, que es el "preso político" de la dictadura suiza! Nunca olvidaré cuando el suizo Peter Keller, director del ANRT (un bastión de la filosofía tipográfica suiza en Francia), se acercó mientras hacía un cartel y me dijo: "¿En serio vas a usar Antique Olive? ¡pero si es un caracter de ultratumba!". El tipo estaba furioso!… es genial, esa gente percibe la estética de los años 60 como el pleistoceno, la "ultratumba", y en cambio reverencian la Garamond olvidando que es la imitación francesa de los tipos de Griffo de 1495! Hay, en la naturaleza del diseño suizo –y en muchos casos en sus seguidores–, un bloqueo vertical de toda la vertiente más plástica, más expresiva de esa época… pero todo esto es otro tema.

2) Te propongo una breve reflexión sobre el tema de la autoría en Diseño. Diseño tipográfico, en particular. Una hipótesis extendida propone un "trabajo ausente" por parte del diseñador, borrando las huellas personales para no perjudicar la "transmisión efectiva de los mensajes". Esta hipótesis no se lleva bien con los desarrollos de la semiología y la semiótica, pues un enunciador (en tanto sujeto social) no puede "des-ideologizarse" y hablar desde un lugar neutral. Siempre hay muchas voces que hablan en su voz, y él mismo en su apropiación y actualización de desarrollos ajenos está operando en este sentido. ¿Cuál es tu visión al respecto?

Mirá, en principio te confieso que la sola idea de imaginar que las letras son "mensajes" me resulta, cuando menos, fantasiosa. La literatura sobre cómo leemos arroja elementos muy concretos: no leemos letras –ni sus formas gráficas, ni sus equivalentes morfo-fonéticos–, leemos palabras. Esto quiere decir que el proceso de lectura es un proceso de percepción de imágenes-palabra, de contrastación con las imágenes-palabra "almacenadas" en nuestra memoria y de confirmación –o no– de hallazgo de esas imágenes-palabra durante esa contrastación. Si la forma de los signos de una tipografía excéntrica produce una imagen-palabra poco reconocible en el proceso de contrastación, eso simplemente entorpece la lectura. No hay zonas oscuras ya en esa parte del estudio de la legibilidad. Si alguien te dice que la forma de una tipografía afecta la manera de percibir el "mensaje" o el "discurso" del autor, está imaginando un lindo tema para su novela (la que yo mismo intento escribir desde hace años por ejemplo), porque es pura fantasía.

Por otro lado, y aquí voy a ser un poco frontal, el esquema jacobsoniano "emisor-mensaje-receptor", en el que muchos siguen abrevando, es de las cosas más infantiles que hemos tenido que aprender en los tiempos de escuela. Una de las cosas que más me ha aliviado desmitificar –y hasta en algunos casos condenar, por inepta– es la calidad de la relación entre el diseño y la semiótica. En muy pocos casos parece ponerse en
crisis esta cuestión del verdadero aporte de la semiótica, una muy simpática moda de los 70s, si me permitís dar mi opinión cruda. En los 90s yo era un fanático de la semiótica, creeme. Pero hasta el propio Umberto Eco, fundador del post-estructuralismo, la vertiente más exquisita, es quien más medularmente la condena para siempre. La semiótica vale como semiótica, y es muy bonita, pero en cuanto la queremos forzar como herramienta de diseño, nos vamos a la isla de la fantasía, con Tatoo y todo. No hay nada más obtusamente hipócrita que la postura de un diseñador que, creyendo ejercer la semiótica, haciendo uso de un vocabulario sofisticado que le sirve para convencer a un cliente, ciego, que desfallece ante la pomposidad de lenguaje de su consultor-mago, cree que es mejor diseñador que quienes no recitamos de memoria los discursos de un Norberto Cháves, para nombrar un caso recurrente. Creo que la semiótica, "sin querer queriendo", le ha hecho mucho daño al diseño. Ha hecho que miles de diseñadores se concentren en la "prepotencia del mensaje", y no en aspectos valiosos del trabajo de un diseñador, por ejemplo el estudio del contexto, el estudio de la comprensibilidad del lenguaje (no su estilo), de la posibilidad –super concreta– de evaluar el uso de un diseño antes de lanzarlo al mundo, de la enorme oportunidad de investigar seriamente, de la opción de convertir al diseño en una verdadera actividad de impacto social. El diseño se ha caracterizado siempre por tomar prestado de otras áreas de conocimiento métodos, instrumentos, herramientas que le permiten abordar su problemática. El diseño es un pirata epistemológico. Pero creo que el matrimonio del diseño con la semiótica –que muchas escuelas latinoamericanas continúan promoviendo monolíticamente!– ha sido un fracaso total para el diseño. Claro, ha sido un éxito para el diseño-burbuja, irreal, el diseño de autor, el no-diseño. Su principal cómplice es el sistema educativo adormecido, frívolo indiferente a la realidad, que vemos en las escuelas de diseño de América Latina. Cuando en la Universidad de las Américas Puebla, un colega y yo propusimos al resto del departamento de diseño iniciar un Centro de diseño en la escuela, para que los alumnos tuvieran contacto con la realidad profesional, con clientes de verdad, parecíamos los herejes confesándose culpables ante la Santa Inquisición. La mediocridad, el pequeñismo intelectual, la endogamia académica y la falta total de imaginación que
aquejan a muchas instituciones educativas de la región, aun las que se dicen prestigiosas, resulta desconsolador. Y parece ser un callejón sin salida por el momento, considerando lo aniquiladas que están las estructuras educativas en general. Tristemente, la educación privada se ha vuelto un rentable negocio, consistente en mantener las cosas tal como están. Esta autocondena intelectual, en mi opinión, es parte de lo que nos vuelve invisibles ante el resto del mundo.

Pero volviendo al tema, por suerte, el diseño-magia, tal como aun lo practican encumbrados profesionales, está en baja. Los empresarios, los tomadores de decisiones, hasta los mercadólogos más desprevenidos, conocen la problemática de los lectores, de los usuarios o –menos noblemente– de los consumidores–. ¿Hasta cuándo le vamos a seguir vendiendo la semiótica? Hay que salir a estudiar a los lectores, probar si nuestro diseño funciona o no, demostrar a los comitentes que nuestro trabajo no está inspirado por los dioses, sino que tiene asidero en la realidad. Pienso que eso convertiría nuestro oficio en una verdadera profesión, más respetada. En América Latina hay infinidad de conflictos cotidianos, tenemos problemas sociales y de educación enormes, coyunturas donde el diseño gráfico y el diseño de información pueden hacer aportaciones indudablemente valiosas, definitivas. Y en cambio
¿qué hacemos los diseñadores? Organizamos congresos de diseño para diseñadores, por diseñadores y con temas de diseño, o publicamos libros acerca de si el diseño es o no es arte (¡todavía!). Si me preguntás, el diseño "oficial", desde el lugar que está ocupando en las culturas y sociedades de América Latina, está muerto. La realidad de otros países de Occidente no parece ser muy diferente, por lo menos donde me ha
tocado ver, sólo que la educación está menos ultrajada, existe contacto con la industria y la realidad, entonces la hipocres_ia no es tan parabólica. A nosotros nos faltan siglos para poder decir que el diseño que hacemos es importante para la sociedad. Esa es la razón por la que la gente "no sabe" de diseño y los clientes "no nos entienden", a pesar de que las escuelas, públicas o privadas, desde hace cuántos años fabrican miles de diseñadores al año! Vivimos en el solipsismo intra-uterino de la profesión y de la endogamia académica, un escenario de revistas bonitas y congresos tautológicos. Los lectores, por quienes existimos, han desaparecido de nuestro trabajo.

Esa es mi visión. Para mí la tipografía es mi pequeño escape lírico, si querés, a toda esta situación, pero no más que eso. Es un divertimento personal, pero no pretende un rol emancipador más allá del propio placer de diseñar la forma de las palabras, no lo considero diseño, tal vez está más cerca del arte. Pero el verdadero diseño, por lo menos para mí, NO es arte, es algo más serio. Si habláramos de lo que intento hacer en
mi vida cotidiana, ese sería otro tema, pero nos vamos por las ramas de nuevo…

3) Pidiendo disculpas por la expresión, tomada de otra práctica ¿has considerado "maridajes" posibles para tus tipos?¿Con qué familias lograrían (potencialmente) una convivencia afortunada?

Mmm, no, no he considerado "maridajes", más bien estoy a favor de la "unión libre": prefiero confiar en el criterio conquistado por cada diseñador que use las fuentes. Además, cuando las liberás ahí afuera, ya no te pertenecen, son como hijas que hacen su propia vida –algunas veces se te cae un lagrimón cuando la ves echada a perder, otras te da gusto–… en algunos casos, me he llevado sorpresas… por ejemplo, Rayuela ha cubierto ya un amplio espectro moral de la sociedad: un amigo en México diseñó un libro sobre la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe –el culto número uno del país– en un pueblo vecino al Distrito Federal, por un lado, y por otro, una amiga diseña desde hace años, con Rayuela, la revista "Prostitución y sociedad", una revista francesa de izquierda con una postura crítica muy interesante respecto de la discusión europea que va desde la prohibición legal de la prostitución hasta su aceptación oficial y reglamentación, etc. De modo que a la pobre Rayuela se le pide que funcione bien en ámbitos tan dispares. Una tipografía para texto es como una camioneta 4 x 4, ¿no? Lo cierto es que Rayuela no lo es, pobre… vamos a hacer versiones nuevas para mejorar muchas cosas que quedaron pendientes. Pero este tipo de cosas, enterarte para qué y cómo usan las fuentes los diseñadores, resulta siempre un buen estímulo para continuar. Este puede ser un consejo válido para los diseñadores de tipografía: salgan a ver qué pasa con las fuentes, cómo las usan los diseñadores y para qué. El mundo está hecho de errores, cosas inesperadas, fisuras, azar, sorpresas.

Alejandro Lo Celso es diseñador gráfico, tipográfico y docente. Nació en 1970 en Córdoba, Argentina. Master en diseño de tipografías por la Universidad de Reading, Inglaterra, y postdiploma en el Anrt, Nancy, Francia. Miembro del CEAD, Puebla, México. Autor de los tipos Borges, Quimera y Rayuela. + info: www.pampatype.com
Carlos Carpintero es diseñador gráfico y docente de la FADU / UBA. Nació en 1974 en Buenos Aires, Argentina. Miembro de la udgba.


Facebook Twitter